mié. Abr 8th, 2026

Convocada con solo siete días de anticipación y con irregularidades en la inscripción, la reunión virtual del 7 de abril terminó con participantes siendo rechazados por el administrador de la llamada.

Lo que el municipio de Tigre presentó como una instancia de participación ciudadana terminó siendo, una vez más, una puerta cerrada. Este martes 7 de abril, a las 18 horas, estaba convocada una reunión virtual para debatir el proyecto de “límite de alturas” impulsado por el intendente Julio Zamora, la misma iniciativa que vecinos y sectores políticos advierten que no ordena la ciudad sino que busca reactivar las torres frenadas judicialmente. Pero a las 18 horas, el administrador de la llamada comenzó a rechazar activamente a quienes intentaban ingresar.

Rechazo de los participantes para ingresar a la llamada

Las irregularidades no empezaron esta noche. La convocatoria fue emitida con apenas siete días de anticipación, un plazo que numerosos vecinos consideraron insuficiente para organizar su participación. El resultado fue una reunión a la que muchos quisieron ir y no pudieron, no por desinterés sino por trabas concretas.

“Nos hayan mandado el mail o no, era fundamental conectarse hoy. Pero el administrador rechazó a la gente que intentó entrar”, esto comentan los vecinos de Tigre durante la transmisión en vivo del hecho.

El “límite” que no limita las torres

El contexto no es menor. Desde diciembre de 2025, el debate sobre el crecimiento edilicio en Tigre está en el centro de la escena. Un amparo presentado por el concejal Sebastián Rovira derivó en un freno judicial a nuevas habilitaciones inmobiliarias, obligando al municipio a enfrentar lo que años de excepciones, alturas extraordinarias y ausencia de un Código Urbano integral habían dejado acumulado. Zonas como Ruta 27, La Bota, Bancalari-Villanueva, Villa La Ñata y General Pacheco concentran el impacto de ese crecimiento desordenado.

La respuesta del ejecutivo fue el proyecto de “límite de alturas”. Pero desde el bloque Fuerza Tigre, presidido por Rovira, advirtieron desde el inicio que la norma no es un nuevo Código Urbano, no revisa habilitaciones ya aprobadas y podría funcionar como una pantalla normativa: cumplir formalmente con la exigencia judicial mientras se allana el camino para reactivar construcciones frenadas.

En ese marco, la reunión de esta noche tenía una importancia real. Y fue boicoteada desde adentro. Convocar con plazos exiguos, no garantizar el acceso a quienes se anotaron y luego rechazar a participantes en tiempo real no son errores administrativos: son señales de un proceso que no está diseñado para escuchar.

Desde el bloque opositor habían anticipado que el proyecto sería analizado punto por punto y que no se trataría de manera exprés. El debate, insistieron, no es contra el crecimiento ni contra la construcción: es a favor de ordenar Tigre. Lo que ocurrió hoy a las 18 horas suma un nuevo capítulo a esa disputa, y deja una pregunta sin responder: si el municipio tiene razón, ¿por qué le teme tanto a la participación vecinal?

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