mié. Jun 10th, 2026

El 10 de enero de 2026, Trenes Argentinos suspendió el ramal Tigre durante 50 días. La decisión, comunicada apenas una semana antes del corte, dejó sin servicio a miles de trabajadores y golpeó de lleno a una ciudad que vive del turismo de verano. El concejal Sebastián Rovira lo había anticipado en diciembre de 2025: la obra era necesaria, pero la forma de ejecutarla era evitable.

Una obra necesaria, un momento y una comunicación cuestionables

Trenes Argentinos justificó el corte total argumentando que enero y febrero son los meses de menor demanda, con un promedio de 25.200 usuarios diarios, un 25% menos que en noviembre y diciembre. Desde la empresa sostuvieron que ese período permitía avanzar con mayor velocidad en los trabajos. Lo que no explicaron con la misma claridad es por qué la decisión llegó a los vecinos con apenas días de anticipación.

Las obras incluyeron la renovación de 29 kilómetros de vías, 13 cuadros de estación, 16 pasos a nivel y 12 puentes, en el marco del Plan de Acción de la Emergencia Ferroviaria. Una intervención de esa escala requiere planificación. Y esa planificación, según Rovira, debió haber contemplado el impacto sobre el distrito desde el principio.

Lo que planteó Rovira: anticipar, comunicar y acompañar

Desde diciembre, Rovira señaló tres problemas concretos que el corte expuso. Primero, la falta de un cronograma anual de obras publicado con tiempo suficiente para que los pasajeros pudieran organizarse. Segundo, la ausencia de micros de reemplazo coordinados, tal como se había hecho en años anteriores durante cortes similares. Tercero, la desconexión entre el timing de la obra y la realidad económica de Tigre como destino turístico.

El argumento de fondo del concejal no era oponerse a la renovación ferroviaria. Era plantear que una gestión técnica del problema hubiera permitido ejecutar la misma obra con menor daño: comunicación anticipada, alternativas de transporte garantizadas y, si el corte total era inevitable, al menos una coordinación con el sector turístico local para reducir el impacto en familias que esperaron todo el año para trabajar en temporada.

El turismo de Tigre, en el centro del problema

Tigre no es un destino que funcione solo los fines de semana. Durante enero y febrero, el Delta, el Tren de la Costa y los circuitos de fin de semana largo concentran una parte significativa del ingreso de comerciantes, gastronómicos y prestadores de servicios. Un corte de 50 días en el acceso ferroviario principal, comunicado una semana antes de su inicio, no es un dato menor para esa economía.

Las obras de renovación de vías entre Retiro y Tigre se reactivaron en 2026 luego de haber estado paralizadas en 2024 por la decisión del gobierno de frenar la obra pública. Los trabajos, adjudicados en 2023, contaban con los materiales disponibles pero el avance había sido limitado. Es decir: la urgencia del verano 2026 fue en parte consecuencia de la postergación del año anterior. Ese contexto refuerza la pregunta que Rovira dejó instalada: si se sabía que la obra estaba demorada y era inevitable hacerla, por qué no se planificó con margen suficiente para proteger a los vecinos.

El resultado: el tren volvió, pero con demoras

El 1 de marzo el ramal volvió a funcionar, pero de manera parcial. Hasta el 7 de marzo los trenes circularon solo entre Belgrano C y Tigre, sin llegar a Retiro. Recién el 8 de marzo se completó el recorrido entre cabeceras. La obra también se extendió más allá del plazo original.

Desde Trenes Argentinos informaron que, con el avance de los trabajos, el ramal Tigre reducirá aproximadamente 10 minutos el tiempo de viaje para mitad de 2026, y hasta 17 minutos menos para fin de año. La mejora es real y bienvenida. El debate que plantea Rovira no es sobre si hacer la obra, sino sobre cómo proteger a los vecinos mientras se hace.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *