La línea Belgrano Norte arranca la semana con un nuevo esquema de servicio que reduce la cantidad de trenes en días hábiles. El cambio, impulsado por Ferrovías, entra en vigor el lunes 19 de mayo y afecta directamente a los pasajeros que viajan entre la estación Villa Rosa, en el partido de Pilar, y la terminal de Retiro, uno de los recorridos ferroviarios más transitados del noroeste del AMBA.
La línea atraviesa varios municipios del norte del conurbano, entre ellos Vicente López, San Isidro, Tigre, Malvinas Argentinas y Pilar, y es uno de los principales medios de transporte para miles de trabajadores y estudiantes que se movilizan a diario hacia la Ciudad de Buenos Aires.
Menos trenes, más tiempo de espera
El impacto más concreto del nuevo cronograma se verá en la cantidad de servicios “punta a punta”, es decir, los que recorren la totalidad del trayecto entre ambas cabeceras. Hoy circulan 105 trenes completos por día hábil. A partir del lunes, ese número cae a 93.

La reducción se distribuye en ambos sentidos. Los servicios con destino a Villa Rosa pasan de 52 a 45 por día, mientras que los que salen desde Villa Rosa hacia Retiro bajan de 53 a 48. En total, doce frecuencias menos de lunes a viernes.
Esa merma se traduce también en mayores intervalos entre formaciones. En los horarios de mayor demanda, los pasajeros pasarán de esperar alrededor de 15 minutos entre tren y tren a esperar entre 18 y 20 minutos. La concentración de usuarios en determinadas franjas horarias, especialmente en las horas pico, podría volverse más pronunciada como consecuencia de este ajuste.
Los fines de semana, en cambio, el servicio prácticamente no sufre modificaciones. Los sábados se mantienen 63 frecuencias completas entre cabeceras, y los domingos y feriados conservan un esquema muy similar al actual, con variaciones menores en algunos horarios.
Un recorte que llega en mal momento
La medida no llega en el mejor contexto. El ajuste en la línea Belgrano Norte se suma a un escenario de aumentos en las tarifas del transporte público del AMBA y a un descontento creciente entre los usuarios por la reducción de frecuencias en distintos servicios ferroviarios y de colectivos de la región. Para muchos de los pasajeros que dependen del tren para llegar a su trabajo o a sus estudios, esperar más tiempo en el andén no es una incomodidad menor, sino un problema concreto en su rutina diaria.
