mar. Abr 21st, 2026

Hay nombres que perduran sin que nadie los haya elegido demasiado. Nombres que quedaron pegados a un lugar por la fuerza de la costumbre, por la boca del paisano que repetía siempre el mismo punto de referencia: “la estancia de Benavídez”, “el rincón de Benavídez”, “el puerto de Benavídez”. Así funciona buena parte de la toponimia bonaerense, y así nació el nombre de la localidad que hoy integra el partido de Tigre.

Benavídez no lleva el nombre de un caudillo guerrero ni de un prócer de bronce. Lleva el nombre de un capitán de milicias colonial que compró unas tierras hace más de trescientos años y que, sin saberlo, dejó su apellido grabado en el mapa para siempre.

Un capitán, unas tierras y una marca que duró siglos

La historia empieza mucho antes del ferrocarril, antes de la Panamericana, antes incluso de que existiera algo parecido a un pueblo en esa franja del norte bonaerense. Al fundarse Buenos Aires en 1580, Juan de Garay repartió las tierras situadas entre los arroyos Las Tunas y Escobar a uno de sus hombres, Antonio Bermúdez. En 1703, esas extensiones fueron vendidas al Capitán de Milicias Juan de Benavídez, hombre de destacada vida política y social de la época.

La importancia de su figura y la prosperidad de su establecimiento rural hizo que la zona se conociera como “Rincón”, “Barrancas” o “Punta de Benavídez”. La estancia estuvo en manos de la familia Benavídez hasta 1806, cuando vendieron las últimas parcelas. Pese a ello, la zona, que en la desembocadura del arroyo Sarandí en el río Luján tenía un puerto natural conocido como “Pescaría” o “Puerto de Benavídez”, conservó el nombre de este propietario.

Eso es todo lo que se sabe del capitán. No hay estatua, no hay fecha de nacimiento confirmada, no hay batallas ni discursos. Hay una compra de tierras y un apellido que sobrevivió a todo: a las ventas, a los cambios de dueño, a las inundaciones, al ferrocarril, a los countries.

Cuando llegó el tren, el nombre ya estaba

Unos 150 años después de que Juan de Benavídez comprara aquellas tierras, las extensiones pasaron a ser parte de las amplias propiedades del general Ángel Pacheco, oficial del Regimiento de Granaderos a Caballo. El ferrocarril llegó a la zona en 1876, pero ese avance no modificó el ambiente rural del área.

El 22 de abril de 1876 pasó el primer tren por la estación que hoy conocemos como Benavídez, aunque en ese momento las autoridades ferroviarias la habían denominado “Alvear”. Recién el 21 de diciembre de 1885, por decreto, se le cambió el nombre por el de Benavídez.

Historica estación Benavídez

La decisión tiene su lógica. El tren llegó a un lugar que ya tenía nombre propio en la memoria colectiva de la región. La gente de la zona ya llamaba Benavídez a esas tierras desde hacía generaciones. El ferrocarril no inventó nada, solo lo oficializó.

La confusión que viene de lejos

Durante décadas circuló, y todavía circula, la versión de que la localidad lleva el nombre de Nazario Benavídez, el célebre caudillo federal sanjuanino que gobernó su provincia durante casi dos décadas en el siglo XIX. Nazario Benavídez nació en San Juan en 1805 y fue un militar y caudillo que ejerció como gobernador de esa provincia en cuatro períodos distintos. Fue aliado de Juan Manuel de Rosas y de Justo José de Urquiza, y figuró como el hombre fuerte de Cuyo durante más de veinte años.

Nazario Benavídez no tuvo ninguna relación con el nombre de la localidad bonaerense.

Le llamaban “el caudillo manso” por su bonhomía y templanza. Vivió en la época más sangrienta del país, las luchas entre unitarios y federales, y fue compasivo con sus enemigos. Su muerte fue brutal: en la noche del 22 al 23 de octubre de 1858, un grupo de sus partidarios intentó liberarlo asaltando el edificio donde estaba preso. Mientras estaba encadenado con una pesada barra de grillos en sus pies, se defendió a puño limpio de sus atacantes, pero fue atravesado por una espada por la espalda.

Era, en todos los sentidos, un personaje digno de que una localidad llevara su nombre. El problema es que no fue él.

Una publicación académica señaló con cierta perplejidad esta confusión: en la provincia de Buenos Aires existe una localidad llamada Benavídez en honor al caudillo sanjuanino, mientras que en San Juan, la provincia que él gobernó durante casi dos décadas, apenas una calle lleva su nombre, sin ningún monumento que lo recuerde. La observación es justa en lo que respecta al olvido de Nazario en su tierra natal, pero erra en el origen del nombre de nuestra localidad: Juan de Benavídez, el capitán colonial, llegó un siglo antes que el caudillo.

El apellido como destino

Lo curioso de todo esto es que ambos Benavídez comparten apellido por pura coincidencia, y esa coincidencia alimentó durante años una confusión que mezcla siglos, geografías y personajes que nunca tuvieron nada que ver entre sí.

El primer propietario debidamente registrado de estas tierras, en 1703, fue Juan de Benavídez, cuya estancia dio nombre a la zona, y de quien, lamentablemente, no se conservan registros fotográficos. Un siglo y medio después, esas tierras formaban parte de las extensas propiedades del general Pacheco. Para cuando Nazario Benavídez era gobernador de San Juan en Cuyo, el apellido ya llevaba más de cien años pegado al suelo de lo que hoy es el partido de Tigre.

Imagen ilustrativa hecha con IA

Los vecinos de Benavídez viven, trabajan y transitan a diario por un lugar que lleva el apellido de un capitán de milicias colonial al que nadie recuerda, que nunca fue famoso, que no ganó ninguna batalla y que simplemente compró unas tierras en 1703 y las trabajó. Eso alcanzó. A veces, para quedarse en la memoria de un lugar, no hace falta ser héroe. Alcanza con haber estado primero.

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