mar. Jun 9th, 2026

El edil de La Libertad Avanza construyó su imagen pública sobre el rechazo al avance inmobiliario en Tigre. Sus votaciones en el Concejo Deliberante cuentan otra historia.

Hay una frase de Segundo Cernadas que circuló con fuerza en las redes sociales del partido de Tigre. El concejal de La Libertad Avanza, excandidato a intendente por el PRO, afirmó en declaraciones públicas que eligió vivir en el distrito “por el verde, por el río” y que si Tigre se convertía en una ciudad de edificios, se iría. También dijo que pedía “hace tiempo” un tope a la construcción en altura y que el tema era “urgente”. Son palabras potentes, fáciles de compartir, diseñadas para resonar en un vecino preocupado por el perfil que toma su ciudad.

El problema es lo que pasa cuando se apaga la cámara.

Discurso y realidad

El avance de las torres en Tigre es uno de los debates más calientes de la política local. Los desarrollos inmobiliarios en altura transformaron barrios enteros, generaron conflictos por infraestructura, tránsito y servicios, y derivaron incluso en una medida cautelar judicial impulsada por vecinos que exige frenar nuevas habilitaciones hasta que el distrito cuente con una normativa integral.

En ese contexto, Cernadas eligió un posicionamiento claro hacia afuera: el de un dirigente crítico del modelo de urbanización que impulsa el intendente Julio Zamora. Un opositor con identidad propia, diferenciado del oficialismo.

Pero en el Concejo Deliberante, cada vez que llegó el momento de votar proyectos de torres, su bloque acompañó al oficialismo. Una vez. Otra vez. Y otra más. Incluyendo habilitaciones concretas en zonas sensibles del partido, con vecinos movilizados y una cautelar activa en la justicia.

La lógica del “opositor amigable”

Lo que describen las votaciones de Cernadas no es una contradicción aislada. Es un patrón. Y ese patrón tiene nombre en la política argentina: oposición testimonial. Se critica en público lo que se habilita en privado. Se construye capital simbólico con el descontento vecinal sin asumir el costo político de votar en consecuencia.

El resultado es funcional al oficialismo: Zamora consigue los votos que necesita para aprobar sus proyectos y Cernadas conserva una imagen opositora que no le genera fricciones reales con el poder. Todos ganan, excepto los vecinos que creyeron que había alguien del otro lado del mostrador.

El concejal Sebastián Rovira, de Fuerza Tigre, lo sintetizó con una frase que quedó dando vueltas: “Las torres no aparecen de la nada, se votan. Y vos las votaste todas, una por una. Zamora manda los proyectos y vos levantás la mano”.

La pregunta que Tigre necesita hacerse

El caso Cernadas abre un debate más amplio sobre el rol de la oposición en el distrito. ¿Para qué sirve un bloque opositor que vota con el oficialismo en las decisiones que más afectan la vida cotidiana de los vecinos? ¿Qué diferencia real existe entre un concejal que defiende las torres y uno que las critica en los medios pero las aprueba en el recinto?

Tigre tiene una oposición con presencia institucional, con acceso a los micrófonos y con capacidad para instalar temas en la agenda. Lo que parece faltarle, al menos en este caso, es la disposición a usar ese poder cuando los votos importan de verdad.

Mientras tanto, los edificios siguen subiendo.

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