Mientras Tigre continúa expandiendo su perfil urbano con nuevos desarrollos inmobiliarios y edificios de gran altura, miles de vecinos siguen esperando algo mucho más básico: agua corriente y cloacas.
La contradicción es difícil de ignorar. Por un lado, el municipio acompaña y promociona proyectos que aumentan la densidad poblacional en distintas localidades del distrito. Por otro, existen barrios donde servicios esenciales aún no llegan o llegan a medias.
En Don Torcuato, por ejemplo, vecinos señalan que en algunas zonas la infraestructura para el agua corriente ya fue instalada, pero el servicio todavía no fue habilitado. En la misma localidad, además, persisten sectores sin acceso a la red cloacal. La situación obliga a muchas familias a depender de perforaciones, pozos ciegos o soluciones particulares que deberían haber quedado atrás hace décadas.
Un municipio que no ejerce presión
Es cierto que la expansión de las redes de agua y cloacas depende principalmente de AySA y de decisiones de financiamiento que exceden al gobierno municipal. Sin embargo, esa realidad no exime al municipio de responsabilidad política. Gobernar también implica establecer prioridades, gestionar reclamos y ejercer presión constante sobre los organismos competentes cuando las necesidades de los vecinos no son atendidas.
La pregunta es inevitable: ¿qué debería estar primero en la agenda pública? ¿La habilitación de nuevos emprendimientos inmobiliarios o la garantía de que los habitantes actuales cuenten con servicios básicos?
Cada nueva torre aprobada implica más demanda sobre una infraestructura que, en muchos sectores, ya resulta insuficiente. Sin una planificación integral, el crecimiento urbano corre el riesgo de profundizar desigualdades: algunos barrios avanzan hacia una ciudad cada vez más moderna, mientras otros continúan esperando obras elementales.
El desarrollo urbano no es un problema en sí mismo. Nadie discute la importancia de atraer inversiones, generar empleo o renovar áreas de la ciudad. El problema aparece cuando ese crecimiento no va acompañado por la infraestructura necesaria para sostenerlo.
Los vecinos de Tigre no deberían tener que elegir entre progreso y servicios básicos. Ambas cosas deberían avanzar juntas. Y si hoy existen recursos políticos y administrativos para impulsar nuevos proyectos inmobiliarios, también deberían existir para encabezar un reclamo firme, permanente y visible ante AySA hasta que el agua corriente y las cloacas lleguen a todos los barrios del distrito.
Porque una ciudad no se mide por la altura de sus torres, sino por la calidad de vida de quienes la habitan.
