El Puerto de Frutos de Tigre, uno de los paseos comerciales más populares del norte del conurbano bonaerense, atraviesa uno de sus momentos más difíciles en décadas. De los más de 500 locales que funcionan a orillas del Río Luján, alrededor del 10% está vacío, una situación sin precedentes en un espacio que históricamente tuvo lista de espera para alquilar un puesto. La caída en el consumo y el aumento del costo de transporte alejan a las familias que antes elegían el lugar como destino de fin de semana.
“El sábado ya parece un día de semana más”
En declaraciones exclusivas para Tigre News, los propios comerciantes del puerto describieron un panorama de deterioro sostenido. Mari, del local Waffles del Mundo con presencia en cinco puestos dentro del predio, afirmó que “el consumo en la semana bajó totalmente” y que los fines de semana, en comparación con años anteriores, cayeron un 50%.
Por su parte, Vanina, del local Hilos en Sueño, que comercializa textiles artesanales y muebles, señaló que “el consumo es muy inestable” y que “en el fin de semana la gente está con poco poder adquisitivo”. Juan Carlos, que desde hace 40 años vende productos regionales envasados, precisó que desde abril la caída se acentuó y que “el sábado y domingo ya no se trabaja tanto, solo los feriados largos con el turismo”.
La situación no distingue rubros. Américo, que ofrece mantas, alfombras y canastos, lo resumió con crudeza: “No hay precio que alcance, milagros no podés hacer.” Enzo, que vende cuadros y chapas decorativas, indicó que los sábados “ya parecen un día de semana más”. El denominador común entre todos los comerciantes consultados es que la baja no responde a un problema de precios sino a una contracción real del poder de compra de los visitantes.
El turismo ya no alcanza para sostener las ventas en el puerto
El turismo, que históricamente compensaba los días flojos, también retrocedió. Según estimaciones de comerciantes y datos que maneja el sector, la afluencia al predio se redujo a casi la mitad respecto de 2023. El turismo extranjero, que antes recorría el paseo atraído por el tipo de cambio favorable, ahora llega en menor cantidad y con menos predisposición a comprar artículos de gran porte como muebles o cuadros. El turismo del interior sigue siendo el más activo, pero tampoco escapa a la tendencia general de retracción del gasto.
A este escenario se suma el peso del transporte. Una familia de cuatro integrantes que depende del colectivo para llegar al puerto debe destinar una suma considerable solo para el traslado, lo que muchas veces define si sale o se queda en casa. El Puerto de Frutos fue durante años un espacio accesible para jubilados, docentes y familias de ingresos medios y bajos que encontraban allí tanto productos económicos como un plan al aire libre sin costo de entrada. Hoy ese perfil de visitante es el más golpeado por la crisis.
Importaciones y costos fijos, el otro frente que asfixia a los puestos
La presión de las importaciones es otro factor que los comerciantes del rubro textil y artesanal identifican como determinante. Vanina explicó que “las importaciones hicieron que baje mucho lo nuestro, que es artesanal y tiene otro trabajo”, en referencia a la competencia de productos extranjeros de menor precio que llegaron al mercado local en el último año. Mantener los precios bajos, pagar impuestos, sostener empleados y absorber los aumentos de proveedores es una ecuación que cada vez más puestos no logran cerrar, y los locales vacíos son la consecuencia visible de ese desequilibrio.
Las expectativas para las vacaciones de invierno de julio generan algo de esperanza entre los comerciantes, que esperan un repunte con el turismo del interior. Sin embargo, la mirada de fondo es cautelosa. El Puerto de Frutos de Tigre no enfrenta solo un problema estacional sino una crisis de consumo estructural que pone en riesgo la continuidad de emprendimientos con décadas de historia en uno de los mercados populares más emblemáticos de la provincia de Buenos Aires.
