El domingo amaneció con el cielo limpio sobre el Paseo Victorica y los jardines del Museo de Arte Tigre (MAT) empezaron a llenarse de un murmullo que no era el de cualquier domingo. El pasto recién cortado, la brisa del río y, de a poco, el traqueteo inconfundible de motores que llevan más de un siglo en funcionamiento fueron anunciando lo que se avecinaba: la llegada de la 28.ª edición del Gran Premio Recoleta-Tigre, uno de los únicos tres eventos de su tipo que se siguen disputando cada año en el mundo, junto al Londres-Brighton y el Barcelona-Sitges.

Antes de que llegara el primer auto, una banda sinfónica militar ya había tomado posición en el predio del MAT. Con un repertorio que combinó marchas, valses y melodías de la Belle Époque, la formación fue calentando el ambiente hasta que, en un momento de silencio respetuoso, los acordes del Himno Nacional Argentino se elevaron sobre el río y los asistentes se cuadraron como si el tiempo se hubiera detenido.
Una carrera que revive la historia
El Gran Premio Recoleta-Tigre recrea la primera carrera de autos en ruta abierta de la Argentina, disputada el 9 de diciembre de 1906 y organizada por el todavía joven Automóvil Club Argentino, fundado apenas dos años antes. Aquella prueba histórica se desarrolló en dos etapas y su ganador, un Darracq de 40 HP conducido por un señor de apellido Marín, recibió como premio una copa de plata y 500 pesos argentinos. Hoy, el Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina es el encargado de mantener viva esa tradición año tras año.
En esta edición, entre 50 y 70 vehículos fabricados antes de 1919 partieron desde la Avenida Quintana, en el barrio porteño de Recoleta, atravesaron Vicente López, San Isidro y San Fernando, y llegaron a los jardines del MAT pasado el mediodía, con Tigre como destino final y anfitrión de honor.
“El auto es la condensación de lo mejor del arte, lo mejor de la arquitectura, lo mejor del diseño, lo mejor de la tecnología del siglo XX. Cuando uno ve cualquiera de estos autos, está viendo a Brancusi, a Boccioni. Ahí está. No hay que ir al museo”, expresó Federico Sánchez, arquitecto, académico, conductor televisivo y radial chileno y especialista en automovilismo clásico. Su presencia elevo el estatus de invitados en el gran evento, con una mirada más particular quien conversó exclusivamente para Tigre News.

El Hispano-Suiza que se quedó con la jornada
Si bien el espíritu del evento es que “ganan todos los que llegan”, hubo un protagonista que se impuso con autoridad en las dos etapas del recorrido. El Hispano-Suiza modelo Barcelona de 1925, piloteado por Tito Barreiro, del taller HAW Garage, especializado en autos clásicos, cruzó primero en San Isidro con más de un auto de ventaja y llegó a Tigre con algo más de dos segundos de diferencia sobre el segundo.

“Es un auto de muy alto porte que en esa época era superior al Rolls-Royce. Tiene un montón de detalles técnicos que lo hacían único. Es un ejemplar único en el país”, señaló Barreiro, que charló exclusivamente para Tigre News.
El propio piloto describió la experiencia con la emoción de quien siente que el tiempo se pliega bajo sus manos en el volante: “La sensación es difícil de describir, pero tiene que ver con percibir que autos de otra era ya estaban muy bien desarrollados. El auto es muy agradable de andar, es muy potente, dobla bien, frena bien, no falla. Hizo decenas de kilómetros sin apagarse una sola vez. Te hace tomar perspectiva de lo bien que se hacía todo en los años diez, veinte y treinta”.
El Hispano-Suiza perteneció durante décadas a la misma familia, habiendo sido corrido por su dueño original, Cacho Pieres, e incluso utilizado para cruzar la cordillera, hasta que sus propietarios decidieron presentarlo en esta edición especial por el 120.º aniversario de la primera carrera histórica.
Joyas mecánicas y pasión familiar
El predio del MAT se fue poblando de joyas mecánicas una tras otra. Entre los vehículos más destacados estuvo un Fiat Tipo 3 Phaeton de 1911, que lleva 20 años participando de manera ininterrumpida. Su piloto, Leandro, llegó primero en su categoría y explicó que el secreto está en la preparación meticulosa de semanas previas: “Casi todo este tipo de autos no sale durante el año, y varias semanas antes se lo empieza a preparar. Se hacen pruebas y, el día del evento, ya le hacemos más de 70 kilómetros”.

También se destacó el Chevrolet Touring 490 de 1918, conducido por Jorge, quien llegó con toda su familia vestida a la época. “Vinimos con toda la familia, nos vestimos a la época. Es una fiesta que hacemos una vez por año y tratamos de disfrutarlo y pasarlo bien”, contó el piloto, que tardó dos años en restaurar el vehículo hace más de dos décadas y lo mantiene completamente original.
El museo que mantiene viva la memoria
Una de las participaciones más celebradas fue la del Museo del Automóvil de la Ciudad de Buenos Aires, que presentó tres vehículos en simultáneo: el histórico Case, con asistencia perfecta en todas las ediciones de Recoleta-Tigre, un Fiat y, por primera vez este año, un Spitzer Forte. Su director, Luis Spadafora, lleva más de 25 años sin faltar a la cita y recibió en 2022 el premio de la FIVA (Federación Internacional de Vehículos Antiguos) por su labor de preservación.

“Llegar con los tres autos del museo quiere decir que tenemos un equipo atrás. Tengo un equipo muy importante en la parte de restauración y todo lo relacionado con la preservación de estos autos históricos. Misión cumplida”, afirmó para Tigre News.
Vestidos como en 1906
Uno de los requisitos del evento, y uno de sus atractivos visuales más poderosos, es que los participantes deben concurrir con vestimenta de época. Pilotos con casco de cuero, goggles, bufandas y guardapolvos largos; copilotas con sombreros de ala ancha, guantes y tapados de principios del siglo XX. El resultado fue un cuadro imposible de distinguir de una fotografía de época, al menos por un instante.

La multitud que se congregó en los jardines del MAT no pudo resistirse a las fotos. Familias enteras, aficionados y curiosos se mezclaron entre los vehículos, tocando volantes centenarios y escuchando con asombro los relatos de quienes los mantienen vivos.
Un cierre junto al río
Luego de la entrega de trofeos y la exhibición al público, los pilotos y copilotos fueron recibidos con un brunch en el predio del museo. Con el río Luján de fondo y el bullicio festivo de los jardines, la jornada cerró en el ambiente distendido y camaradesco que caracteriza a este tipo de encuentros: el de personas que comparten no solo una pasión por los motores, sino una convicción profunda sobre el valor de preservar la historia.
Como cada año, Tigre demostró ser el escenario ideal para este reencuentro con el pasado. Los jardines del MAT, con su arquitectura de inspiración francesa y la serenidad del Paseo Victorica, formaron el telón perfecto para que ruedas que conocieron el barro de caminos sin asfalto descansaran, al fin, sobre el pasto del siglo XXI.
El Museo del Automóvil de la Ciudad de Buenos Aires, quien preserva algunos de estos clásicos autos, está ubicado sobre la calle Yrigoyen, a dos cuadras de Belgrano, en Capital Federal, y abre sábados, domingos y feriados de 14 a 19 horas.
